En las montañas del municipio Andrés Eloy Blanco, el café continúa siendo mucho más que un producto agrícola. En Sanare, este rubro forma parte de la identidad económica y cultural de numerosas familias productoras, una tradición que se ha transmitido durante generaciones y que actualmente busca fortalecerse mediante la capacitación técnica y la valoración de la calidad.
Durante un recorrido por el sector El Cerrito, uno de los espacios tradicionales de esta localidad larense, la ingeniera agroindustrial y especialista en el área cafetalera Magdeline Ángulo explicó cómo el café ha mantenido su importancia dentro de la dinámica comercial de la zona.
Según recordó la especialista, hace entre 60 y 80 años los productores descendían desde las montañas para llevar sus cosechas hasta sectores donde podían comercializarlas. En aquel momento, el café verde trillado, es decir, listo para ser tostado, llegó a utilizarse como una especie de moneda de intercambio para adquirir alimentos, víveres y otros productos necesarios para las familias.
Aunque las condiciones económicas han cambiado, Ángulo señala que el café conserva esa capacidad de generar valor directo para los productores y continúa siendo uno de los principales motores de la actividad agrícola de Sanare.
El precio del café depende de la calidad
La comercialización del café en la zona se realiza principalmente tomando como referencia el quintal, equivalente a 46 kilogramos. Sin embargo, el precio final no depende únicamente de acuerdos comerciales o de las condiciones generales del mercado.
La calidad del grano desempeña un papel determinante. Factores relacionados con las características físicas y sensoriales del café pueden influir en el valor que los compradores están dispuestos a pagar por la cosecha.
Ángulo explicó que actualmente el quintal de café en Sanare puede rondar los 300 dólares, aunque el monto puede variar de acuerdo con la evaluación física y de taza realizada por cada comprador.
Esto convierte la calidad en una herramienta fundamental para que los productores puedan diferenciar su cosecha y acceder a mejores oportunidades dentro de la cadena comercial.
Productores que mantienen viva la caficultura en Lara
La continuidad de la producción cafetalera también está relacionada con la perseverancia de los agricultores de la zona. Ángulo describe a los caficultores sanareños como personas resilientes y profundamente vinculadas con su actividad.
Incluso en momentos de dificultades económicas, climáticas o productivas, muchos productores han decidido permanecer en el sector y continuar trabajando sus fincas.
Esta permanencia ha permitido que alrededor del café se desarrolle una cadena de actividades que involucra no solamente a los agricultores, sino también a comercios especializados en insumos agrícolas, baristas, catadores y otros profesionales vinculados con el procesamiento y comercialización del grano.
Capacitación para mejorar el café de Sanare
Uno de los cambios importantes en la caficultura local es el creciente interés por la formación técnica. En Sanare existe actualmente la participación de profesionales especializados en evaluación sensorial, entre ellos un barista certificado Q Grader, cuya labor permite analizar las características de las cosechas producidas en la zona.
La evaluación de taza puede ayudar al agricultor a conocer con mayor precisión las características de su café y determinar cuáles aspectos de su proceso pueden mejorarse.
Para Ángulo, este conocimiento resulta especialmente importante porque permite que el productor deje de considerar el café únicamente como una materia prima y comience a identificar sus atributos particulares.
“Es superimportante que el productor aprenda a catar para saber qué atributos tiene su café o qué le hace falta corregir”, explicó.
La formación también busca establecer una conexión más estrecha entre quienes producen y quienes evalúan el grano. Para interpretar correctamente una taza de café no basta con conocer sus características sensoriales; también resulta necesario comprender aspectos como la variedad cultivada, la altitud, las condiciones de la plantación y los procesos agronómicos utilizados.
La calidad como oportunidad para la caficultura larense
La apuesta por la capacitación y la evaluación del producto abre nuevas posibilidades para los caficultores de Sanare. Conocer el perfil de cada cosecha permite identificar fortalezas, corregir procesos y trabajar en la obtención de cafés con características diferenciadas.
En este escenario, la tradición cafetalera de Andrés Eloy Blanco se combina con herramientas técnicas que pueden contribuir a mejorar la competitividad del producto local.
El reto consiste en que ese conocimiento llegue cada vez a más productores y que la calidad se convierta en un elemento habitual dentro de todo el proceso, desde la finca hasta la comercialización.
Sanare mantiene así una relación histórica con el café, pero la actividad comienza a incorporar nuevas herramientas para agregar valor a una producción que durante décadas ha formado parte de la economía y de la identidad de las montañas larenses.
Notilara