Barquisimeto es una ciudad con una profunda riqueza histórica y cultural, reflejada en sus plazas, avenidas y espacios públicos. Sin embargo, detrás de jornadas puntuales de embellecimiento urbano y reparaciones temporales, se esconde una realidad preocupante: el progresivo deterioro y la desaparición de bustos, murales y monumentos que forman parte del patrimonio artístico e histórico de la ciudad.
Así lo advierte Carlos Guerra, cronista y miembro del Consejo Consultivo de la Ciudad de Barquisimeto, quien señala que la pérdida de estas obras no es un hecho aislado ni reciente, sino el resultado de años de abandono, falta de mantenimiento y ausencia de políticas claras de preservación cultural.
Obras que desaparecen sin dejar rastro
Uno de los ejemplos más visibles del deterioro patrimonial se encuentra en las inmediaciones del Rectorado de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA). Durante años, una pequeña isla frente a esta institución albergó bustos de ilustres figuras del estado Lara, convirtiéndose en un espacio de referencia histórica y educativa para estudiantes y transeúntes.
Hoy, de ese conjunto apenas queda en pie una sola escultura. El resto desapareció sin que se haya informado oficialmente sobre su destino, restauración o reposición. Para Guerra, este caso resume con claridad el estado actual del patrimonio artístico urbano: obras que se pierden con el tiempo sin explicación ni acciones concretas para su rescate.
Más allá del vandalismo: una falla estructural
Aunque el vandalismo suele mencionarse como una de las causas del deterioro de monumentos y esculturas, el cronista insiste en que el problema es mucho más profundo. A su juicio, la raíz de esta situación está en la falta de voluntad institucional para recuperar y preservar las obras una vez que se dañan o desaparecen.
Han pasado años desde que muchos bustos fueron retirados o destruidos, y hasta ahora no existen planes públicos para su restauración ni para la instalación de nuevas piezas que sustituyan a las perdidas. Esta inacción prolongada termina normalizando el abandono y convierte el deterioro en parte del paisaje urbano.
Plazas y espacios públicos en estado crítico
El deterioro no se limita a un solo punto de la ciudad. En distintas plazas y espacios públicos de Barquisimeto se repite el mismo patrón: pedestales vacíos, placas conmemorativas arrancadas, esculturas sin identificación o visiblemente dañadas por el paso del tiempo.
En muchos casos, los ciudadanos desconocen qué obra estuvo allí o a quién representaba. La ausencia de información, sumada a la falta de mantenimiento, genera una desconexión progresiva entre la ciudad y su historia.
“Cuando desaparecen estas referencias, también se borra la memoria colectiva”, advierte Guerra, quien considera que el daño no es solo material, sino también simbólico.
El impacto en la memoria histórica de la ciudad
Los bustos y monumentos no cumplen únicamente una función estética. Son herramientas de memoria que permiten a las nuevas generaciones conocer a los personajes, hechos y procesos que marcaron la identidad de Barquisimeto y del estado Lara.
La desaparición de figuras como la del pintor Armando Barrios, por ejemplo, no solo priva a la ciudad de una obra artística, sino que borra una oportunidad educativa. Sin esas referencias visibles en el espacio público, se debilita el vínculo entre la ciudadanía y su historia cultural.
Con el tiempo, la falta de monumentos y señalizaciones contribuye a que nombres y legados queden relegados al olvido, especialmente entre los más jóvenes.
Embellecimiento superficial versus preservación real
Uno de los puntos más críticos señalados por expertos en patrimonio es la contradicción entre las labores de embellecimiento urbano temporal y la ausencia de políticas sostenidas de conservación cultural. Calles pintadas, plazas remozadas o avenidas acondicionadas para eventos no compensan la pérdida de obras históricas que requieren atención especializada.
La restauración de monumentos no puede tratarse como una acción ocasional. Requiere inventarios actualizados, diagnósticos técnicos, presupuestos asignados y personal capacitado para garantizar su conservación a largo plazo.
Sin estos elementos, cualquier esfuerzo resulta insuficiente y meramente cosmético.
La responsabilidad institucional y ciudadana
La preservación del patrimonio cultural es una tarea compartida. Las instituciones públicas tienen la responsabilidad principal de proteger, restaurar y difundir estas obras, pero la ciudadanía también cumple un rol clave al exigir su cuidado y reconocer su valor.
Cuando el deterioro se vuelve cotidiano y no genera reacción, se corre el riesgo de que la pérdida cultural se normalice. Recuperar el interés por la historia local, promover el respeto por los espacios públicos y demandar planes de conservación son pasos fundamentales para revertir esta tendencia.
Un llamado urgente a la acción
Para cronistas y defensores del patrimonio, el tiempo juega en contra. Cada año que pasa sin intervención aumenta el riesgo de que más obras se pierdan de forma definitiva. La falta de respuestas oficiales y de proyectos concretos profundiza el deterioro y debilita la identidad cultural de la ciudad.
Preservar el patrimonio no es un lujo ni una tarea secundaria. Es una inversión en memoria, educación y sentido de pertenencia. Barquisimeto, como ciudad histórica, enfrenta el desafío de decidir si permitirá que su legado artístico se diluya con el tiempo o si asumirá el compromiso de protegerlo para las futuras generaciones.
Notilara