campo cafetalero| En medio de la compleja situación económica que atraviesa Venezuela, un fenómeno inusual pero esperanzador comienza a cobrar fuerza en las zonas rurales del país: cada vez más jóvenes están dejando las ciudades para trabajar en fincas cafetaleras. Así lo aseguró Vicente Pérez, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro), durante una entrevista concedida a Unión Radio.
El representante del gremio agrícola destacó que el sector del café se encuentra en un proceso de recuperación sostenida, lo que ha generado una demanda creciente de mano de obra y, con ello, nuevas oportunidades económicas para la población joven.
“Esa recuperación en el ámbito del café ha generado también un fenómeno demográfico en el cual tanto jóvenes como adultos optan por dejar las ciudades y trabajar en el campo, como una alternativa ante la crisis económica”, explicó Pérez.
Una nueva migración interna: del asfalto a las montañas
El auge de la caficultura venezolana, especialmente en regiones como Lara, Portuguesa, Trujillo, Táchira y Mérida, ha incentivado un movimiento migratorio interno que invierte la tendencia de los últimos años, cuando miles de personas abandonaron el campo para buscar empleo urbano o emigrar al extranjero.
Ahora, con el repunte de los precios del café y el fortalecimiento de cooperativas y fincas familiares, las zonas rurales comienzan a verse nuevamente atractivas, sobre todo para jóvenes que buscan ingresos estables en un contexto de inflación y escasez de empleos formales en las ciudades.
“Muchos jóvenes están regresando al campo, y no solo para trabajar como jornaleros, sino también para aprender sobre el cultivo, el procesamiento y la comercialización del café. Se están involucrando en toda la cadena de valor”, señaló Pérez.
Fincas cafetaleras ofrecen ingresos más altos que el sector urbano
De acuerdo con estimaciones de Fedeagro, los trabajadores del sector cafetalero pueden ganar entre 500 y 600 dólares mensuales, dependiendo de la temporada, el tipo de finca y el nivel de especialización.
En contraste, los salarios promedio en sectores urbanos, como comercio, servicios o administración pública, oscilan entre 80 y 150 dólares al mes, lo que explica el creciente interés de jóvenes por trasladarse a zonas rurales.
“El campo está ofreciendo mejores oportunidades económicas que la ciudad. Es un fenómeno nuevo, pero positivo. Los jóvenes están viendo en la caficultura una forma digna de ganarse la vida y contribuir al desarrollo del país”, subrayó el vocero de Fedeagro.
La recuperación del café venezolano: un renacer productivo
Venezuela llegó a ser uno de los principales exportadores de café del mundo durante el siglo XX. Sin embargo, crisis económicas, regulaciones de precios y falta de inversión golpearon duramente al sector, reduciendo la producción a niveles mínimos.
Hoy, el panorama comienza a cambiar. En los últimos años, los caficultores han logrado modernizar sus procesos, mejorar la calidad del grano y acceder a nuevos mercados internacionales. Además, iniciativas públicas y privadas, como el Acuerdo Nacional del Café y los programas de capacitación rural, han ayudado a revitalizar el sector.
Según datos de Fedeagro, más de 90.000 familias dependen directamente del café en Venezuela, y el país cuenta con alrededor de 150.000 hectáreas productivas. Aunque aún está lejos de los niveles históricos, el sector muestra señales de recuperación constante.
Lara y los Andes venezolanos: polos de atracción para los jóvenes trabajadores
El estado Lara se consolida como uno de los principales centros de producción cafetalera, junto con los estados Andinos (Mérida, Táchira, Trujillo) y parte de Portuguesa. Municipios como Andrés Eloy Blanco, Morán y Torres en Lara, han experimentado un crecimiento notable en la actividad agrícola, especialmente en el cultivo del café arábica.
En estas zonas, cooperativas, asociaciones campesinas y productores independientes han comenzado a implementar prácticas más sostenibles, combinando tecnología con métodos tradicionales. Esto ha permitido mejorar los rendimientos y la calidad del grano, atrayendo incluso a inversionistas y exportadores interesados en el “café venezolano de altura”.
El reto de mantener a los jóvenes en el campo
Si bien el retorno de la juventud al campo es una noticia alentadora, los especialistas advierten que la permanencia dependerá de que existan condiciones adecuadas: acceso a servicios básicos, conectividad digital, educación técnica y créditos agrícolas.
“El campo no solo debe ofrecer trabajo, sino también calidad de vida. Si queremos mantener a los jóvenes en las zonas rurales, debemos garantizar que tengan oportunidades reales de crecimiento y bienestar”, sostuvo Pérez.
En ese sentido, Fedeagro ha propuesto al Ejecutivo Nacional la creación de un plan de incentivos rurales, que incluya beneficios fiscales, acceso a financiamiento, y formación en gestión agrícola y emprendimiento.
La caficultura como motor del desarrollo rural
La expansión de la caficultura no solo representa ingresos para las familias productoras, sino también un impacto positivo en las economías locales. Los empleos directos e indirectos —desde recolección, transporte, procesamiento y comercialización— están dinamizando comunidades enteras.
Además, el café venezolano está recuperando prestigio internacional. Varias marcas nacionales han logrado exportar con éxito a Europa, Asia y América del Norte, posicionando nuevamente el producto como un símbolo de identidad y calidad.
“El café es más que un producto agrícola; es una cultura, una forma de vida que está ayudando a reconstruir el tejido social en el interior del país”, añadió el representante de Fedeagro.
El renacer del café venezolano está generando un efecto multiplicador en el empleo, la producción y la retención del talento joven. Lo que antes se consideraba un oficio en declive, hoy vuelve a ser una opción rentable y respetada.
Si esta tendencia continúa, Venezuela podría no solo garantizar su autosuficiencia cafetalera, sino también recuperar un espacio importante en los mercados internacionales.
Mientras tanto, cientos de jóvenes siguen optando por cambiar el ruido de la ciudad por el aroma del café recién cosechado, en busca de un futuro más prometedor en las montañas venezolanas.
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