Mercosur y Unión Europea sellan histórico acuerdo comercial tras más de 25 años de negociaciones y en medio de fuerte tensión política

mercosur » MercosurLuego de más de dos décadas de intensas negociaciones, el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) firmaron finalmente un tratado de libre comercio que promete redefinir el mapa económico global. El acuerdo, rubricado en Paraguay, es considerado uno de los pactos comerciales más ambiciosos de la historia reciente, tanto por su alcance geográfico como por el volumen económico que abarca. Sin embargo, su firma llega acompañada de controversias, protestas sociales y un futuro aún incierto, ya que su entrada en vigor depende de la aprobación del Parlamento Europeo.

El tratado une a dos bloques que, en conjunto, representan cerca de 800 millones de personas, un Producto Interno Bruto (PIB) combinado de alrededor de 22 billones de dólares y un intercambio comercial que ronda los 100.000 millones de dólares anuales. De concretarse plenamente, se convertiría en la mayor zona de libre comercio entre bloques del mundo, con la eliminación o reducción de aranceles para aproximadamente el 90 % de los productos intercambiados.

Un acuerdo estratégico en un contexto global tenso

La firma del pacto adquiere una relevancia especial en el actual escenario internacional, marcado por tensiones comerciales y políticas proteccionistas, especialmente tras la guerra arancelaria impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En este contexto, el acuerdo Mercosur-UE se presenta como una respuesta al cierre de mercados y al aumento de barreras comerciales, apostando por la integración económica y la cooperación multilateral.

Durante la ceremonia oficial, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, subrayó que el objetivo central del acuerdo es beneficiar a los ciudadanos de ambos continentes. Reconoció que el texto final no es perfecto, pero insistió en que seguir postergando la decisión habría sido un error histórico, tras más de 25 años de intentos fallidos.

En la misma línea, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, destacó que el tratado marca un antes y un después en las relaciones birregionales, al crear una de las alianzas comerciales más diversas del planeta. Para Lula, el acuerdo no solo tiene un impacto económico, sino también geopolítico, al fortalecer el papel de América del Sur y Europa en un mundo cada vez más fragmentado.

Aprobado parcialmente, pero con obstáculos por delante

A pesar de la firma, el acuerdo aún no está plenamente vigente. El paso decisivo será su discusión y votación en el Parlamento Europeo, donde el resultado es incierto. Un rechazo en esa instancia podría hacer naufragar todo el proceso, pese a los años de negociación.

El pasado 9 de enero, el Consejo de la Unión Europea dio un primer aval político al tratado con 21 votos a favor, mientras que Austria, Hungría, Irlanda, Francia y Polonia manifestaron su oposición. Estas divisiones reflejan las profundas diferencias internas dentro del bloque europeo, especialmente en lo relativo al impacto del acuerdo sobre el sector agrícola.

El campo europeo, el principal foco de resistencia

Uno de los puntos más conflictivos del tratado es la competencia agrícola. Productores europeos, especialmente de Francia, España e Irlanda, consideran que el acuerdo los deja en una posición desventajosa frente a los países sudamericanos, donde los costos de producción son más bajos y las regulaciones ambientales y sanitarias, según denuncian, son menos estrictas.

En los últimos días, masivas protestas de agricultores han tomado las calles de varias ciudades europeas. En España, cientos de tractores colapsaron el centro de Oviedo como señal de rechazo al acuerdo. En Francia, las movilizaciones han sido aún más intensas, con bloqueos de fronteras, carreteras, puertos y protestas en París.

La tensión ha escalado al plano político. Sectores opositores franceses acusan al presidente Emmanuel Macron de no haber defendido con suficiente firmeza los intereses del agro nacional. Al mismo tiempo, partidos de derecha en el Parlamento Europeo preparan acciones contra la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a quien responsabilizan por impulsar un tratado que, según ellos, pone en riesgo la supervivencia del campo europeo.

¿Qué contempla el acuerdo Mercosur-UE?

El tratado establece una reducción gradual de aranceles a lo largo de un período de hasta 15 años, con especial énfasis en sectores sensibles como el automotor, autopartes, productos lácteos y agroindustriales. Para el Mercosur, el acceso preferencial al mercado europeo representa una oportunidad clave para diversificar exportaciones y atraer inversiones.

Entre los productos sudamericanos que se beneficiarían se encuentran la carne bovina, frutas frescas como manzanas, peras, arándanos y cerezas, legumbres, frutos secos, derivados del cuero, bebidas, harina y porotos de soja, lana peinada, fertilizantes, fungicidas y autopartes, entre otros.

Desde la perspectiva europea, el acuerdo facilita la entrada de bienes industriales, tecnología y servicios en mercados sudamericanos, además de fortalecer normas comunes en áreas como propiedad intelectual, comercio sostenible y cooperación institucional.

Un hito histórico, aunque lejos de la unanimidad

Autoridades del Mercosur han defendido el pacto como un logro histórico. El vicepresidente y ministro de Industria y Comercio de Brasil, Geraldo Alckmin, lo definió como el mayor acuerdo comercial entre bloques jamás alcanzado, y aseguró que las modificaciones finales mejoraron la protección de los intereses sudamericanos.

Por su parte, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, reconoció que existen disconformidades en ambas partes, pero destacó que el objetivo nunca fue alcanzar un acuerdo perfecto, sino uno equilibrado y viable, capaz de proyectar al Mercosur en el escenario global.

Más de 25 años de idas y vueltas

Las negociaciones comenzaron en el año 2000, apenas una década después de la creación del Mercosur. Durante años, los avances fueron lentos y marcados por bloqueos, principalmente por la resistencia del sector agropecuario europeo. En 2019 se logró un principio de acuerdo, pero las diferencias ambientales, políticas y económicas retrasaron su cierre definitivo hasta diciembre de 2024, cuando la Comisión Europea anunció el fin de las negociaciones.

Ahora, con la firma oficial concretada, el tratado entra en su fase más delicada: la ratificación política. Su futuro dependerá de si logra superar las resistencias internas y convertirse en una realidad que transforme el comercio entre América del Sur y Europa.

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